Lola

Posted by Jaime Bayly in Columnas, ... | 06.29.2009 - 11:16

Lola cumple catorce años. Con perdón por la cursilería, todavía quedo maravillado cuando la veo. Me parece inexplicable que una criatura tan bella haya salido en cierto modo de mí, que se haya desprendido de mis genes resbalosos. Eso es lo que más me sorprende de Lola: que, siendo mi hija, sea tan distinta a mí.

Se llama Paola, pero yo le digo Lola, y en ocasiones, según mi humor o el suyo, también Paoli, Pao, Paulina, Loli o Lolita.

Si tuviera que describir los rasgos más acentuados de su carácter, diría que es una mujer (porque ciertamente no es más una niña) que sabe bien lo que quiere y que no se complica la vida. Esto es algo que no deja de asombrarme: la porfiada certidumbre de sus deseos. Desde muy niña, supo siempre expresar lo que quería y defender obstinadamente aquello que deseaba conseguir. No es una mujer que duda, que no sabe lo que quiere, que pide consejo, que prefiere que otros elijan por ella. Lola da la impresión de haber nacido ya sabiendo exactamente lo que quería. En esto, y en muchas otras cosas más, no se parece, por suerte, a mí.

No siempre una persona consigue lo que quiere, pero primero hay que saber lo que uno quiere para después intentar conseguirlo, y a Lola no le falla el instinto en lo primero (el objeto de su deseo) ni en lo segundo (el modo más eficaz de aproximarlo a ella). Puede ser un perro, un hurón, un conejo, un caballo para montarlo y dar saltos con él: Lola sabe perfectamente lo que quiere y lo dice sin esperar a que se lo preguntes, lo dice con la distraída seguridad de que ha nacido para que las cosas que desea no le resulten esquivas y le sean concedidas bien pronto.

Diría que Lola ha nacido programada para la felicidad, que sus genes sirven por fortuna a la causa de su bienestar y no conspiran contra ella. Porque no solo es una mujer que sabe intuitivamente cuáles son las cosas que le procurarán felicidad, sino, y esto es casi tan importante como lo anterior o todavía más, sabe cómo conseguirlas, sabe cómo pedírtelas, sabe cómo vencer tus temores y reservas, sabe cómo seducirte, cómo convencerte, cómo defender porfiadamente (con una fe ciega en ella misma, en la sabiduría de sus corazonadas) lo que quiere conseguir. Así fue con el perro, con el hurón, con el conejo y con el caballo que da saltos bajo su mando. Ni su madre ni su hermana ni yo queríamos complacerla, pero ella se las ingenió para derribar nuestras resistencias y ganarnos las batallas y demostrarnos con el tiempo que tenía razón, que el perro, el hurón, el conejo y el caballo la harían feliz y, lo que no estaba para nada en nuestros cálculos, nos harían felices también a nosotros, que tanto nos habíamos opuesto a incorporar a esos animales a la vida familiar.

Esas son dos cosas (me niego a llamarlas virtudes o defectos) que admiro de Lola: la certeza de sus deseos y la terquedad para conseguirlos. Aunque uno nunca puede estar muy seguro de estas cosas (o yo nunca he sido bueno para distinguir quién tiene lo de quién, quién ha sacado la nariz del padre, las manos de la madre o las orejas de la abuela), creo que Lola debe sus rasgos más conspicuos y estimables a su madre, a la familia de su madre, una familia en la que abundan las mujeres con carácter, que saben bien lo que quieren y que saben mejor cómo conseguirlo. Son mujeres prácticas, listas, seguras, exitosas, que no se complican la vida en andar filosofando o en poner trabas a sus ambiciones, que siempre encuentran la manera de que alguien les facilite con el mayor gusto sus más peculiares caprichos y extravagancias. (more…)


Viviré y seré mujer

Posted by Jaime Bayly in Columnas, Columnas, ... | 06.22.2009 - 20:21

Buenas y malas noticias. Primero las malas. Le vino la regla a Lucía. No tendré un hijo con ella. (Esta puede considerarse una buena noticia para ella o para el bebé que no fue o para la humanidad, pero para mí califica como mala).Ahora las buenas. (Dicho sea de paso, qué buena está Lucía). El próximo año seré mujer. (Esta puede considerarse una mala noticia para las mujeres o para la humanidad, pero es buena para mí).

No exagero si digo que es una noticia o novedad para mí que el próximo año seré mujer. No lo sabía. Me enteré de ella (o de que yo seré ella) cuando fui al supermercado y compré un tabloide sensacionalista llamado ¡Mira! (ahora ¡a solo 2.29 dólares!).

¿Debemos creerle a esa revista semanal de chismes y escándalos de los famosos de Estados Unidos y pantanos adyacentes? Yo digo que sí. Yo le creo. Si se llamara simplemente Mira, no le creería, o no le creería con el mismo énfasis. Pero se llama ¡Mira!, con signos de exclamación, y esa orden tajante, ese ucase tropical, ese alarido desesperado solo puede traer noticias confiables, de indudable credibilidad.

El titular del semanario me informa dramáticamente de tres cosas que yo ignoraba antes de comprarlo, junto con las uvas y las bananas en el supermercado de Key Biscayne:
“Jaime Bayly
Deja la TV para vivir
COMO MUJER”
Hasta aquí, me entero de tres noticias alentadoras. Primero, que dejaré la televisión y no que la televisión me dejará a mí (siempre es mejor dejarla que ser despedido). Segundo, que, tras dejarla, viviré, no moriré. No estoy bien de salud y no pensaba vivir mucho más, pero la revista dice que voy a vivir. No precisa con exactitud cuánto más voy a vivir, pero en esa ambigüedad yo quiero leer que hay muchos años, que voy a vivir muchos años más. Como mujer, claro está. Porque esta es la tercera y mejor noticia: que, después de ser hombre por cuarenta y cuatro años, y casarme con una mujer, y tener con ella dos hijas mujeres, ahora, por decisión editorial de la revista ¡Mira! (que yo en modo alguno me atrevería a cuestionar u objetar) me convertiré en una mujer. Y viviré. Esto naturalmente me llena de júbilo, de una euforia impensada.

Yo había calculado todo lo contrario, es decir, que me iban a despedir de la televisión, que no iba a vivir mucho más y que moriría siendo hombre.
Ahora las cosas cambian. Ahora tenemos un plan. Ahora podemos ver (o digamos mirar, o incluso ¡mirar!) el futuro con optimismo. Porque dejaré la televisión (dónde o cuándo, no se sabe), viviré (cuánto tiempo, no se sabe, pero lo más probable es que eternamente) y seré mujer (y hemos de suponer que me he preparado toda la vida para acometer dicha empresa y que estoy listo para ser toda una dama). (more…)


Las Muñecas de Sitges

Posted by Jaime Bayly in Columnas, Columnas, ... | 06.08.2009 - 20:46

Fueron cinco las razones que me obligaron a partir de Madrid antes de lo previsto. A saber:1. A mi ya conocida adicción a los psicotrópicos sumé una adicción no menos perniciosa a los churros con chocolate caliente de Maestro Churro, rodeado de señoras que parecían espías contratadas por mi madre o numerarias del Opus Dei en su día de asueto o ambas cosas a la vez. Dicha adicción al churro mojado en chocolate no fue para nada benigna con mi hígado.

2. Un domingo por la tarde me encontré inexplicablemente sentado en el teatro Calderón, viendo un musical inexplicable, y sucumbí a un sueño profundo, parecido a un ataque de catatonia, y al parecer empecé a roncar como un animal, al punto que dos jóvenes acomodadores me despertaron y me invitaron a abandonar la sala, pues mis ronquidos estaban fastidiando a los espectadores sentados cerca de mí. No fue un momento halagador.

3. Como la cuota mensual del gimnasio “Excellence” de la plaza de Santa Ana era tan cara, me sentía moralmente urgido a visitarlo todas las tardes. Desde luego, no hacía ninguna forma de gimnasia, a no ser que mirar cuerpos atractivos se considere una forma de gimnasia. Me ponía el bañador y el gorro y me metía a la piscina climatizada y me daba chorros de agua en la espalda y luego me quedaba más tiempo del prudente en la cámara de vapor, sudando los residuos fatigados de mi humanidad en vías de extinción. Era todo muy placentero hasta que a) terminé con las axilas irritadas de tanto sudar, y b) un sujeto musculoso y tatuado estornudó sin cubrirse la nariz ni la boca, esparciendo sus gérmenes en la diminuta cámara de vapor, de la que salí espantado para nunca más volver.

4. En una semana ya había visto toda la cartelera de cine y no me quedaba una película sin ver. En rigor, había entrado a todas las películas en exhibición, pero no las había visto todas completas porque a menudo me quedaba dormido y me despertaba el muchacho ecuatoriano que barría las palomitas de maíz dispersas en el piso, entre función y función. El muchacho se animó a preguntarme: ¿Usted viene a ver la película o a dormir? Me sorprendió la tosquedad de su pregunta. Respondí: Las dos cosas. Inesperadamente, repreguntó: ¿Y qué le gusta más? Respondí: Dormir. Comentó: Pero si lo que le gusta es dormir, mejor quédese en su casa. Me defendí: Es que no tengo casa. Me dijo: Yo tampoco. Duermo en mi Renault Mégane. (more…)


Hombre muerto

Posted by Jaime Bayly in Columnas, Columnas, ... | 06.01.2009 - 22:05

En efecto, he muerto. La muerte no me tomó por sorpresa, me la habían anunciado los doctores. Me dijeron que si seguía tomando tantas pastillas mi hígado colapsaría y tendrían que trasplantarme un hígado donado. Les prometí que dejaría las pastillas y me internaría en una clínica para desintoxicarme. Por supuesto, era mentira.Seguí tomando esas pastillas. No quería que me injertaran un hígado ajeno. Solo estaba dispuesto a someterme a un trasplante de pene, dado que el que me fue dado originalmente se hallaba en estado comatoso, vegetativo.

La muerte me asaltó en un hotel de Barcelona, después de entregar el manuscrito de mi última novela. Tomé ocho pastillas para dormir, me reventó el hígado y morí envenenado por chorros de bilis.

La verdad es que ya no tenía muchas ganas de seguir viviendo y sentía curiosidad por saber si había alguna forma de vida después de la muerte.
Antes de morir creía que la muerte humana no podía ser distinta de la de otras especies animales: dejabas de existir, tu cuerpo se corrompía, lo que habías sido desaparecía por completo, no había ninguna vida después de esta vida, simplemente entrabas en un agujero negro y te olvidabas de ti y con el tiempo los demás también se olvidaban de ti.

Estaba equivocado.
Después de morir, me encontré sentado en un tren rápido, con otros pasajeros. Nadie se conocía. Nos mirábamos perplejos y, sin embargo, serenos. Pude verme reflejado en la ventana del tren. Me reconocí enseguida. Era yo mismo, antes de morir. Tenía la misma cara, la misma barba incipiente tras una semana sin afeitarme, la misma ropa que me ponía todos los días.

Sin embargo, no me dolía el hígado, no me dolía nada.
Cuando llegamos a la estación, había un tumulto de gente esperándonos. Los pasajeros descendían (la mayor parte eran ancianos) y eran saludados efusivamente por personas que habían ido a esperarlos (la mayor parte eran también de edad avanzada, aunque había gente de todas las edades, incluso niños y madres con sus bebés). Hablaban en todas las lenguas y dialectos. (more…)


El escritor mediocre

Posted by Jaime Bayly in Columnas, Columnas, ... | 05.25.2009 - 9:48

El escritor se ha resignado a salir en la televisión todas las noches porque sabe que carece de talento para ganar con sus libros el mismo dinero que gana en la televisión y porque sabe que carece de coraje para vivir pobremente, como viven o vivieron algunos escritores que admira.La televisión es entonces una derrota moral para el escritor, el recuerdo permanente de su mediocridad. Lo que otros perciben como un éxito personal (lo que otros incluso le envidian) resulta para él un fracaso abrumador del que ya no tiene esperanzas de recuperarse, después de haber publicado diez novelas.

Si no ha podido ganarse la vida como escritor con diez novelas publicadas y traducidas a algunos idiomas, y si sus obligaciones económicas no tienden a disminuir sino a multiplicarse a medida que sus hijas crecen, parece altamente improbable (casi tan improbable como ganarse la lotería) que el escritor consiga emanciparse de las penosas servidumbres de la televisión (penosas al menos para él) y cumplir su sueño de retirarse a vivir del dinero que le procuren las ventas de sus libros.

Ya que está condenado a desempeñar ese oficio alimenticio (un oficio que, por cierto, podría ser mucho peor, porque después de todo le pagan por hablar, y por hablar sentado, y por hablar sentado cosas que a menudo no tienen el menor sentido, pero que son ocasionalmente divertidas), el escritor venga su probada mediocridad (una mediocridad que recuerda cada noche, mientras lo están maquillando) tratando de gozar, si cabe, de la hora o las horas en que alquila su rostro, sus palabras, sus sonrisas, su fatigada habilidad para seducir a los incautos y confundidos. Puesto que le parece inevitable prostituirse para que su familia y él vivan con una cierta comodidad, procura hallar placer en el meretricio intelectual o moral al que se ha abandonado. Dado que posa de bufón o francotirador (haciendo alarde de una inteligencia impostada o exagerada, simulando ser más inteligente de lo que él sabe que en verdad es, pues si de veras fuese inteligente se ganaría la vida como escritor y no como bufón), intenta que dicha postura histriónica no resulte del todo incómoda y, en lo posible, sea incluso placentera.

No por someterse al vértigo carnavalesco de la televisión todas las noches el escritor ha dejado de escribir. No por ganar más dinero del que nunca imaginó se ha sentido exonerado del deber o la urgencia de seguir escribiendo. Podría no escribir más: tendría en la televisión y sus lastres, yugos y humillaciones la coartada perfecta para dejar de escribir. Nada ni nadie lo obliga a seguir escribiendo. Ya no escribe novelas con la esperanza de que alguna de ellas se convierta en un éxito impensado de ventas y lo rescate de la cloaca o el prostíbulo que es para él la televisión. Sabe que es un escritor mediocre, sabe que sus libros nunca lo harán rico, sabe que no podrá vivir la utopía de renunciar a la televisión y retirarse discretamente a escribir, sabe que envejecerá impúdicamente en la televisión y algún día lo despedirán por viejo, calvo, aburrido y desdentado, y no por eso ha dejado de escribir todas las noches, al volver del programa (y a menudo para olvidar el programa). (more…)


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